
Toda mi casa es un altar: la exposición que convierte lo doméstico en sagrado
Antes de ser una dirección, una casa es una constelación de objetos. Un paño doblado, una fotografía que resiste en un marco, una silla heredada, una cortina, una prenda...
Antes de ser una dirección, una casa es una constelación de objetos. Un paño doblado, una fotografía que resiste en un marco, una silla heredada, una cortina, una prenda que conserva la forma de otro cuerpo. Cosas pequeñas, casi mudas, que sostienen una vida entera. En Toda mi casa es un altar, Gema Polanco escucha esa vibración secreta de lo doméstico y la lleva al Museo Nacional de Artes Decorativas como quien enciende una vela en una habitación conocida. El centro se convierte así en un territorio de apariciones. No hay aquí una hogar reconstruido, sino un hogar invocado: hecha de telas, banderas, collages, trajes, amuletos y talismanes. Un espacio donde lo cotidiano roza lo sagrado y donde cada objeto parece reclamar su propio poder.