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Crítica de la 'Dinamarca' podrida de Lluïsa Cunillé, donde brillan las interpretaciones de Imma Colomer y Pere Arquillué
Desde el salón de un humilde apartamento en Copenhague nos llegan imágenes de soledad articuladas como un enigmático cuadro de Edward Hopper en movimiento. Por poco que conozcamos a la au...
Desde el salón de un humilde apartamento en Copenhague nos llegan imágenes de soledad articuladas como un enigmático cuadro de Edward Hopper en movimiento. Por poco que conozcamos a la autora del texto, Lluïsa Cunillé, esperamos un teatro nutrido de largas pausas, de conflictos insinuados y de una poética de la sustracción que la crítica emparenta con Harold Pinter y sus silencios amenazantes. Y hasta aquí el tópico, porque también el público sabe, o debería saber antes de comprar la entrada, que Albert Arribas ('Opereta imaginària') es un director poco amigo de las convenciones de la escena, proclive a girar cualquier tortilla por más densos que sean sus ingredientes.